Cintura de Hormiga
El Kollellaullin se alza como un tesoro ancestral digno de estudio y respeto, que surge como respuesta de autodefensa del pueblo mapuche. Este sistema de combate no solo entrena el cuerpo, sino que forja un vínculo profundo con la naturaleza y la identidad cultural de quienes lo practican, ya que más que un arte marcial, implica un estilo de vida dentro del lof.
Importante aclarar que el Kollellaullin se asemeja al budo en japón, es decir, un conjunto de prácticas que busca seguir el camino del guerrero, fortaleciendo el cuerpo y la mente, donde lo componen varias prácticas físicas y mentales inmiscuido en la cultura mapuche.
Un Diálogo Sagrado con la Naturaleza
En los bosques y montañas del Wallmapu, el viento susurra historias de resistencia. El Kollellaullin —cuyo nombre significa “cintura de hormida”— nace de esa fuerza discreta capaz de vencer a lo grande. Más que una colección de golpes y defensas, es un sendero espiritual que integra el newen de la tierra y de los ancestros, recordándonos que la verdadera fortaleza se edifica con astucia, disciplina y unión. Así como la hormiga es fuerte, trabaja inteligente y de manera colectiva, lo cual refleja el pueblo mapuche en su resistencia contra el inca, contra el español y contra el chileno.
Orígenes y Evolución Histórica
El Kollellaullin es ancestral y se ha enseñado de generación en generación. Hay escritos en el libro «La Gran Guerra de Arauco (1541-1883) en el Reino de Chile» de Eduardo Agustin Cruz, en donde relata el Kollellaullin como una práctica común de los weichafes (guerreros) como Lautaro y Galvarino, quienes adaptaron técnicas de caza y rituales milenarios para enfrentar al Imperio español. A diferencia de los dojos orientales, su escuela era la naturaleza: ríos, bosques y cerros servían de tatami para endurecer cuerpo y espíritu.
Baños en cascadas heladas (traitraiko): Forjaban resistencia física y mental.
Armas ancestrales: Macanas de madera, boleadoras y lanzas personalizadas para el combate.
Entrenamiento en equipo: Inspirado en la cooperación de las hormigas, cada guerrero cumplía un rol clave: explorador, defensor o atacante.
En la década de 1980, maestros como Víctor Hernández Mañke busca revivir este legado, aportando movimientos contemporáneos que permiten su práctica en comunidades mapuches de Chile y Argentina, así como en academias urbanas interesadas en sus valores y técnica.
Presencia en la Cultura Moderna
Aunque no existen competencias oficiales, el Kollellaullin se manifiesta de diversas formas:
Ceremonias rituales: Durante el Nguillatun (rogativa), sigue presente la figura de los konas, recordando el pasado guerrero.
Awkantun (juegos): En los distintos lof sigue presente la figura de «Torneos», en donde una comunidad invita a otra a jugar. Esta es una gran celebración que une a las comunidades. Antiguamente fueron juegos de palin o linao, hoy en día en muchos lados se usa jugar futbol, pero se está recuperando la práctica del palin. También existen muchas prácticas para enseñar a los niños a las prácticas comunes del weichafe, como el uso de armas, ejercicios físicos, rapidez, natación, entre otros.
Talleres comunitarios: Dirigidos por kimches (sabios) que combinan el entrenamiento físico con la enseñanza del mapudungun.
Organizaciones como la Asociación Weichafe en Temuco, El Kimeltuwe Kollelleulin en Panguipulli o Inchekaikunfu en el valle del Aconcagua, promueven su práctica no como deporte competitivo, sino como un puente hacia la identidad y mantener el kume mogen o buen vivir dentro y fuera de la comunidad. Hoy en día está buscando revitalizar estas prácticas el Kimeltuwe kollellaullin de Panguipulli, que el presente año hicieron un encuentro de Kollellaullin, buscando mantener vivas las distintas prácticas que lo integran fortaleciendo el Kume Moguen y entregando sabiduria para enriquecer el Rakizuam de los asistentes.
Características del Kollelllaullin
El Kollellaullin destaca por su perspectiva holística y su conexión profunda con la tierra:
Palín: Un juego similar al hockey.
Pillman: Juego con pelota que recuerda al «quemado».
Linao: Similar al rugby.
Choiquepin: Correr sobre una pierna.
Lazu ó Ladu: Uso de lazos para objetos en movimiento
Curantun: Lanzamiento de piedras.
Waikitun: Combate con lanza.
Longkotun: lucha en donde se busca derribar al oponente agarrando desde el cabello
Metratun: lucha tomado de las manos
Otros ejercicios como saltos acrobáticos sobre ríos y obstáculo
Expansión y reserva del kollellaullin
Posterior a la anexión del wallmapu a Chile y Argentina, el arte de la guerra ya no se transmite directamente, por lo que gran parte se ha perdido, sin embargo hay muchos lof donde aún se practican ciertos ejercicios y formas de vida que componen el kollellaullin. En regiones chilenas como Tirúa y Boroa se mantiene vivo el Kollellaullin de forma tradicional. En Argentina, especialmente en Neuquén, se funden el arte marcial con actividades de trekking y supervivencia. Figuras como Elisa Loncon (activista mapuche y expresidenta de la Convención Constitucional de Chile) resaltan la importancia de este arte en la revitalización cultural como forma de expresión y cuidado del cuerpo a través de la actividad física.
En las grandes urbes, como Santiago y Buenos Aires, han habido intentos de revitalizar prácticas, en donde el palin ha ganado gran protagonismo el último tiempo. En Santiago muchas ruka se practica de manera libre el palin a estudiantes y pobladores que buscan un equilibrio entre el trajín moderno y la sabiduría ancestral.
Más que un Arte Marcial
El Kollellaullin no busca trofeos ni preseas. Este arte enseña que la victoria real no radica en someter a un oponente, sino en conservar vivo el az mapu (mundo mapuche).
En un planeta que enfrenta crisis ambientales y sociales, el Kollellaullin emerge como un grito ancestral: resistir no es meramente pelear, sino proteger lo que somos y de dónde venimos. Cada waiki, cada partido de palin, cada salto a un río, late con un mensaje vital: la defensa de las raíces es la esencia de la lucha.
