Estamos hoy con Cristóbal Torres, uno de los grandes referentes de la lucha olímpica en Chile: ex-luchador de alto nivel, medallista internacional y ahora entrenador nacional, tanto de lucha olímpica como de jiujitsu nogi. Tras una sesión de entrenamiento en Cohab Providencia, donde impartió una clase de lucha orientada al nogi, nos concedió una entrevista para Grapplineros. A continuación, te compartimos su historia, su visión del deporte y su legado para las nuevas generaciones.
Grapplineros (Héctor): Cristóbal, ¿cómo estás?
Cristóbal Torres: Primero, muchas gracias por la invitación, Héctor, y por Grapplineros por darme este espacio para compartir mi experiencia. Soy profesor de lucha; hace dos años me retiré de la selección, y aunque no me definiría estrictamente como profesor de jiujitsu, sí enseño lucha a gente que practica jiujitsu.
Grapplineros: ¿Cuántos años llevas en la lucha?
Torres: Empecé en 2006, en el colegio San Laurence, de la mano del profesor Carlos Ñancupil Zuazo y su equipo. Antes ya tenía experiencia: había practicado jiujitsu durante tres años con el profesor Víctor Vásquez, quien me llevó a un torneo de lucha en el CAR (Centro de Alto Rendimiento) y lo gané en la categoría escolares. Ahí sentí que la lucha era para mí y no la dejé más.
Grapplineros: ¿Cuánto tiempo estuviste como seleccionado?
Torres: Entré a la selección nacional en 2008, siendo el más joven en la categoría cadete. Ese mismo año salí campeón panamericano cadete (54 kg). Luego tuve un receso entre 2009 y 2011 por temas federativos, pero seguí entrenando en el Club Don Gym. En 2011 regresé a la selección bajo la tutela del profesor Pablo Soto, y después, desde 2013, trabajé con Néstor Almanza (actual head coach de la selección). Fui capitán del equipo desde 2014 hasta 2022, aunque permanecí en la selección hasta 2024.
Grapplineros: De todos tus combates, ¿cuál consideras el más significativo?
Torres: En términos de resultados, diría que fue el bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015, en categoría 59 kg. Esa categoría era muy dura: peleé contra gente como Ismael Borrero (luego campeón olímpico), Spencer Mango (bronce mundial y entrenador en EE.UU.) y Andrés Montaño. Fue histórico para Chile, porque era la primera medalla panamericana para la lucha nacional.
Luego, en 2015 también gané el Campeonato Sudamericano (oro, 59 kg).
Aunque, personalmente, pienso que mi mejor nivel fue en 2022, en la categoría de 67 kg, cuando obtuve bronce en los Juegos Odesur, con rivales de muy buen nivel. También tuve un buen año en 2019 (campeón sudamericano) y en 2020 gané otra medalla panamericana en 67 kg.
Grapplineros: ¿Cómo ha sido para ti el paso de competir a entrenar?
Torres: Es un trabajo precioso ser coach. No necesariamente da muchas gratificaciones económicas, pero ver a un alumno a quien le enseñas desplazamientos, técnicas de lucha, y luego lograr un buen resultado nacional o internacional… te llena el alma. Me duele que muchos grandes atletas chilenos —como Ayub, Eduardo Gajardo, Andrés Quispe, León Peralta, Carlos Romero— no han podido transmitir completamente su experiencia a las nuevas generaciones por razones administrativas o económicas. Eso es algo que hay que cambiar. Mi esposa y yo trabajamos con jóvenes, especialmente con la selección sub-20, los miércoles, pero siento que falta una estructura para que este conocimiento se difunda más ampliamente.
Grapplineros: ¿Tienes algún pupilo con proyección?
Torres: Sí, varios. En grecorromana, estoy con Williams Ramírez (categoría juvenil 77 kg): desde enero con mi señora lo entrenamos, y ha sido dos veces segundo sudamericano. También está Ricardo Ramírez en 61 kg, con quienes llevamos dos años trabajando. Otro atleta al que ayudo es Santiago Valenzuela, del club del profesor Montoya: tiene muy buen talento, especialmente Dylan, que viene del powerlifting y ha evolucionado muchísimo desde cero hasta entrar a la selección. Tengo mucha fe en todos ellos.
Grapplineros: ¿Qué crees que le falta a la lucha olímpica para crecer comercialmente, como el jiujitsu?
Torres: Hay muchos factores. Primero, falta inversión en clubes: no solo concentrar todo en Ñuñoa, sino tener mats (colchones), pagar instructores que se dediquen a tiempo completo. Segundo, es clave que haya una relación más vertical entre clubes y entrenadores nacionales, para transmitir conocimientos. Tercero, debe haber una liga más comercial: que la gente pague por entrenar, por competir, que haya membresías sustentables. Que los clubes se autofinancien, que los entrenadores puedan vivir de su trabajo, no depender solo de lo estatal. Eso podría cambiar mucho la realidad.
Grapplineros: ¿Prefieres greco o libre?
Torres: Ambas. Amo la grecorromana, pero la libre es más intensa, más completa. Para mí, la lucha libre es uno de los deportes de combate más exigentes, incluso más que el MMA.
Grapplineros: ¿Sigues compitiendo en jiujitsu?
Torres: Sí, nunca dejaré de competir, aunque ya no hago alto rendimiento. Ahora me enfoco en mi familia y el bienestar económico, pero voy a seguir participando: jiujitsu, triatlón, sambo… lo que sea. En lucha, quizás regrese como veterano en algún torneo internacional. Nunca dejé el sueño de dejar las zapatillas en el colchón: mi último combate lo perdí contra Hans Toro (campeón panamericano) y no pude hacerlo, y esa deuda quedó. Pero ya no será en categoría adulta: es momento de dar paso a las nuevas generaciones.
Grapplineros: (Risas) ¿Qué tan probable sería un súper match entre tú y Andrés Quispe?
Torres: No, no va a pasar (ríe). Andrés es como un hermano. No competiría con él. Trenamos juntos toda la vida. Podríamos entrenar a puertas cerradas, pero no subiremos al colchón oficialmente. Tal vez en jiujitsu, pero no en lucha olímpica.
Grapplineros: ¿Qué música escuchabas antes de subir al colchón?
Torres: De todo un poco: Luis Miguel, Los Aldeanos, a veces música chilena de izquierda como Inti Illimani, Quilapayún.
Grapplineros: ¿Qué consejo le darías a alguien joven que está empezando en la lucha?
Torres: Que sea disciplinado, que si se cae se levante, que disfrute el proceso. Es un error muy común enfocarse solo en la meta y no disfrutar el camino. Yo extraño mucho la lucha: la extraño por los entrenamientos, los viajes, la emoción. Hay que amar el proceso.
Grapplineros: ¿Y qué les dirías a los dirigentes para que apoyen más la lucha?
Torres: Que descentralicen: no todo en Ñuñoa. Que haya clubes en lugares como Pudahuel, Temuco, Arica. Que no solo sea un deporte social para zonas vulnerables, sino también para colegios con recursos. Que haya tus clubes bien equipados, con colchón, con entrenadores, y que la gente pueda pagar una membresía que ayude a sostener la estructura. Eso podría ser un cambio gigante.
Grapplineros: Si tuvieras que describirte en tres palabras…
Torres: Papá, luchador, eterno aprendiz.
Grapplineros: ese fue Cristóbal Torres uno de los grandes de la lucha en chile, un gran coach y desde hace algún tiempo un gran amigo también.
Torres: Mákina te felicito por lo que están haciendo con Grapplineros un gusto..
Cristóbal Torres no es solo un luchador histórico para Chile: su trayectoria como atleta, su entrega para enseñar y sus ideas para impulsar la lucha nacional lo convierten en una figura clave para el desarrollo del deporte. Su voz es fuerte y sus sueños siguen vivos, no solo para él, sino para todos los jóvenes que quieren subirse al colchón y representar a Chile. Gracias a Cristóbal por compartir con nosotros; y a ti, lector, por acompañarnos en este pedazo de historia de la lucha olímpica chilena.
Cristóbal Torres estudió Antropología en la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.
Su medalla de bronce en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 (59 kg, grecorromana) fue histórica: la primera para Chile en lucha olímpica en unos Panamericanos.
En el mismo año, se consagró campeón sudamericano de lucha en Argentina (59 kg).
Ha formado parte de la selección chilena por muchos años, ha sido capitán y ahora es entrenador y formador para nuevas generaciones.
Según su perfil en la UWW (United World Wrestling), ha competido en múltiples temporadas en torneos internacionales.
Ha manifestado públicamente la falta de apoyo institucional y plantea que la lucha debe profesionalizarse con ligas, inversión en clubes y entrenadores.
