En Grapplineros seguimos recorriendo los espacios donde la lucha chilena se vive con pasión.
Hoy tenemos el privilegio de conversar con un referente histórico:
el coach Pablo Soto, un nombre que ha dejado huella en la lucha olímpica nacional tanto como deportista, como formador y como coach del equipo grecorromano de Chile.
Nos recibió en el Club Luchador, donde actualmente entrena grappling junto a una nueva generación de atletas.
Su historia es testimonio de constancia, amor por el deporte y la convicción de que la lucha nunca se deja —solo cambia de forma.
🥋 Profe, ¿cuántos años lleva ligado a la lucha y al deporte?
— “Ya son varios…”
Empecé alrededor de los 17 años, y competí hasta los 29. Desde entonces, seguí ligado a la lucha como entrenador y ayudante técnico, incluso trabajando con el equipo cubano antes de la pandemia.
En total, llevo más de 30 años conectado al deporte.
Hoy entreno grappling gracias a los muchachos del Club Luchador, que me recibieron de manera increíble.
Se ha transformado en mi segunda casa, y aunque vengo de la lucha olímpica, me he sentido parte de esta nueva disciplina.
Al final, todo es lucha: grappling, jiujitsu, grecorromana o libre…
Quien ama esto, lo disfruta en cualquier forma.
La edad pone límites, sí, pero mientras haya ganas, se puede. Lo importante es pasarlo bien y compartir con quienes sienten la misma pasión.
🧭 ¿Dónde fueron sus orígenes en la lucha?
— Comencé entrenando con el profesor Jorge Gatica, hace más de 30 años.
En ese tiempo, los entrenamientos eran intensos, duros, con mucho volumen.
No existía la estructura que vemos hoy con categorías infantiles o cadetes.
Me lancé a un mundo donde la lucha ya se movía fuerte, y tuve que sobrevivir.
Pero de ahí nacieron grandes amistades y enseñanzas que me acompañan hasta hoy.
💪 ¿Qué ha sido más gratificante: su etapa como deportista o como coach?
— Ambas etapas me marcaron, pero la de formador y coach tiene algo muy especial.
Partí enseñando a niños en colegios, y más tarde —tras un quiebre federativo en 2011–2012— fui considerado como coach del equipo grecorromano de Chile.
Tuve el honor de participar en la preparación de Andrés Ayub rumbo a los Juegos Olímpicos,
un momento histórico para la lucha chilena.
Fue un proceso intenso y muy lindo: el primero en lograr esa clasificación, un hito que nos llenó de orgullo.
Como luchador, lo que más amaba era competir, estar en el tapiz.
Pero el alto rendimiento demanda mucho, y llega un momento en que uno debe equilibrar la vida.
Aun así, si pudiera volver atrás, volvería a ser luchador, empezaría más joven y trataría de seguir más tiempo.
Porque la lucha te entrega algo único: fuerza física, técnica, y sobre todo, espíritu.
Te transforma. Te enseña a resistir, a levantarte y a luchar no solo en el colchon, sino en la vida.
🗣️ ¿Qué mensaje le daría a los niños y jóvenes que están empezando?
— Que practiquen lucha, grappling, jiujitsu… lo que sea, pero que se muevan, que entrenen.
Hoy hay más academias, más acceso y más visibilidad que antes.
Gracias al trabajo de muchos —como Yasmani Acosta y los clubes locales— la gente ya sabe qué es la lucha y la respeta.
Ojalá Chile se llene de luchadores, porque este deporte forma carácter, disciplina y resiliencia.
En la lucha aprendes a superar tus límites, y eso se refleja en todo: en la escuela, en la familia, en la vida diaria.
Ser luchador te cambia. Te enseña a hacer las cosas bien y a no rendirte nunca.
Con más de tres décadas entregadas a la lucha, el coach Pablo Soto representa la esencia de este deporte:
la humildad del que enseña, la fortaleza del que no se rinde, y la pasión del que sigue aprendiendo cada día.
Desde el Club Luchador, su ejemplo sigue inspirando a nuevas generaciones a subir al tatami,
a disfrutar el proceso y a entender que la lucha nunca termina… solo evoluciona.
En nombre de Grapplineros, gracias coach por tu tiempo, tu historia y tu aporte al crecimiento de la lucha chilena.
🔥 Seguimos luchando. Seguimos formando. Seguimos creciendo. 🔥
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